CONCLUSIONES
1. Finalmente todos los Colombianos esperamos que estas negociaciones marquen un camino definitivo e irreversible hacia la consecución de la paz con justicia social y que se solucionen los problemas estructurales que están en la raíz del conflicto. Recibimos con optimismo el comunicado conjunto de las FARC-EP y el ELN, en la esperanza de que sea un indicador de la voluntad de ambas organizaciones a entrar en este proceso juntas.
2. Declarar que Colombia vive un estado de alerta por la paz, es decir un estado excepcional que reclama acciones diarias de compromiso individual y colectivo en defensa del proceso de paz en todos los rincones de la geografía nacional y en todos los ámbitos de la vida social. Vivimos días trascendentales en los cuales la presencia activa, propositiva y vigilante de las organizaciones, comunidades y de cada uno de los colombianos, será determinante, por acción o por omisión, del curso que tome Colombia en las próximas décadas.
3. El Encuentro Nacional de Paz reitera la importancia de distinguir el aporte a la paz que hacen las mesas de negociación con las FARC y el ELN y el conjunto de esfuerzos que le corresponden a la sociedad entera. Como se ha establecido en el preámbulo del Acuerdo General que dio origen a las negociaciones en La Habana, esa construcción de paz es derecho y deber de toda la sociedad y se materializa en transformaciones económicas, políticas, sociales, culturales. La solución política negociada al conflicto armado es parte de la construcción de paz e incluye ampliación de la democracia, equidad, justicia social y transformaciones institucionales, desde ya y hacia un futuro de bienestar y convivencia pacífica, donde las diferencias sean tramitadas a través del diálogo y el debate político.
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